domingo, abril 17, 2011

El Fisgón

Juan José Díaz Bermúdez


Oaxaca, México (Punto y Aparte).- Felipe Calderón Hinojosa debe de renunciar, su estado físico no se ve a primera vista excelente para que este al frente de un país. El Estado fallido que vivimos no garantiza la salvaguarda de la integridad física y material de las familias en México. En uno de sus últimos discursos, el mandatario divagó, entró a una polémica, demostrando que perdió el rumbo del personaje que le tocó interpretar en este circo político de México, el papel de estadista democrático, estuvo a punto de mutar y comenzó a incursionar en los principios de una dictadura enfermiza. Poco faltó para que dijera “El Estado soy yo” y por decreto desapareciera al Congreso y las garantías individuales, asumiendo facultades omnipotente, claro bajo la protección de la iglesia católica, apostólica y romana, que al parecer como institución espera que Felipe de Jesús, rompa con la democracia, aunque ficticia que vivimos, pero que sería un retroceso grave para nuestra patria.

El Estado fallido que vivimos en México, alerta sobre la necesidad de hacer cambios sustanciales, como ciudadanos podemos hacerlo. Hay que exigir más a nuestros representantes, si no pueden, que se esfuercen, renunciar no es la solución, ya que vendrán más y más corruptos y jamás daremos solución al retroceso en el que hemos caído desde hace cuatro años por culpa de un partido beligerante como Acción Nacional (PAN) y un presidente que como Felipe Calderón que sólo falta que se declare su “alteza serenísima”, para que ajuste el esquema que los miembros de la ultraderecha manejan para México.

Felipe de Jesús aposto en el juego y perdió. Debe ser un buen jugador, saber en que momento se retira es crucial. Replegarse no es fracasar en la estrategia es diseñar, es sumar sin restar. Es decir, este primer proyecto fue para medir la respuesta de fuego del enemigo ubicando sus debilidades. El segundo proyecto de lucha tiene que ser forzosamente, el atacar los puntos débiles que anteriormente fueron identificados y así de esta manera, consolidar la derrota del enemigo en zonas urbanas y rurales.

El fracaso de la lucha de Calderón se debe a varios factores. Uno de los errores de Felipe Calderón fue no valorar al enemigo, minimizo al crimen organizado, lo relegó a un tercer plano al grado de decir que era una “ridícula minoría”. Calderón no fue un General que analizó, al contrario envió a sus tropas a morir, no previó el terreno, ni las zonas, ni el lugar para atacar, sino que derrocho los recursos y hoy en día, pierde ante un enemigo que tiene destinados recursos en dólares para mantener una guerra hasta por 30 años si es posible.

Sin tener dinero los mexicanos hemos gastado miles de millones de pesos, en una guerra que se está perdiendo, los resultados son evidentes. Más de 40 mil muertos de ellos en su mayoría civiles, y no es para negarlo, mucho menos para echar las campanas a vuelo diciendo que se pierde por la falta de cooperación de los mexicanos. Perdemos porque tenemos y hoy lo comprobamos un ejército, marina y fuerza área sin capacidad para enfrentar a grupos y células que usan el método de la guerra de guerrillas para atacar, responder y consolidar sus acciones.

La lucha de Calderón es buena, tiene bases socialmente aceptables, sin embargo el método usado no sirvió para que enraizara, para que el pueblo creyera que es para bien de los mexicanos. La cifra escalofriante de más de 40 mil muertos, aleja cada día más al PAN del poder para 2012 y eso Calderón lo sabe, por eso cayó en la desesperación, lo que pone en peligro a México, porque en esa desesperación puede cometer más errores el presidente de México.

En este caso los resultados todos los días son más preocupantes Si es cierto que hay deserciones en masa del ejército mexicano, que esos grupos engrosan las filas del crimen organizado, estamos frente no a una colombianización, ya superamos esa posibilidad, se podría hablar de un caso único, la mexicanización de la lucha contra el narcotráfico, tomó diferentes variantes una de las cuales nos demuestra que los pueblos tienen al gobierno que se merecen. Lo triste es que los mexicanos no se merecían vivir en el terror, la zozobra y la sangre.