miércoles, septiembre 07, 2011

EL FISGÓN

Juan José Díaz Bermúdez



Oaxaca, México ( Punto y Aparte).- México a la llegada del gobierno panista, es decir desde el sexenio pasado, en la administración foxista, comenzó a caer en el juego perverso de la agresión a medios de comunicación y comunicadores. Hoy en día es una aventura escribir de temas álgidos, o sea, practicar el verdadero periodismo, se corre el riesgo de perder la vida.

El verdadero periodista aquel que se atreve, esta en medio de una disyuntiva, o informa o se auto censura. En ocasiones los comunicadores o son víctimas del crimen organizado o del Estado.

No se puede informar de balaceras, tomas de comunidades por medio de grupos del crimen organizado o secuestros, porque puedes caer en el delito de apología del terrorismo, ya que según las autoridades aterrorizas como medio de comunicación a la sociedad. A pesar que en Monterrey para ser concretos El Royale, se usó el terrorismo para llegar a un fin, hasta hoy el Estado se niega a aceptar que se utilizó esta posibilidad para los fines deseados, ahora resulta que los asesinos no querían matar personas. Sin embargo si el periodista lo escribe, sé convierte en un terrorista al tipifica según el Estado, una analogía de la apología del terrorismo, vaya tragedia para la libertad de prensa y expresión contenida en los artículos sexto y séptimo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El comunicador no puede informar porque el Estado lo califica como un incitador o un ensalzador del terrorismo, ¿curioso no?

La libre expresión se acota, en un estado fascistoide como el de México, en donde la derecha clerical asumió una guerra al estilo de la inquisición contra todo aquel que parezca un delincuente, era de esperarse que los derechos constitucionales quedaran al margen de cualquier protección y los trabajadores de los medios de comunicación y todo aquel ciudadano que informe a través de su cuenta de Facebook o twitter, al comunicar y desmenuzar la información, que pareciera fuera exclusivamente del Estado, se convierte en un delincuente en potencia .

Si un periodista cae como han caído tantos en Veracruz, de inmediato el gobierno estatal y federal no descansan hasta probar según ellos, que el comunicador o murió por estar dentro del narcotráfico, pasional u otra posibilidad, jamás se acepta que el periodista asesinado hubiera sido víctima de venganza por parte del crimen organizado o el propio Estado.

Las estadísticas que se han mostrado una y otra vez, nos dicen que del sexenio de Vicente Fox hasta nuestros días, la muerte de periodistas se incrementaron de tal manera, que en las administraciones presidenciales del Partido Acción Nacional, el respeto que se debía a la prensa por ser un grupo neutral se perdió y con la falta de respeto por el trabajo que lleva a cabo la prensa, creció el peligro que representa en México el ser comunicador.

Durante el quinto informe de gobierno el tema de la seguridad que toco Felipe Calderón y que le llevó más tiempo que ningún otro. Ni la producción, política social o la misma vida de los mexicanos le importa tanto al presidente belicista como seguir en una lucha estéril que ya costo a los mexicanos más de 40 mil muertos.

Lo grave es que la prensa decidió no informar más de los crímenes que se cometen a diario en el país, se ayuda de esta manera a la impunidad que el gobierno federal ha demostrado al asumir una guerra que no pertenecía a los mexicanos insisto porque es la verdad, pero que tomó como suya Felipe Calderón. Lastima de nuestra país que vive sus horas negras de la historia.