La Mañanera de Sopas de Perico
A LOS YOPES DE ETLA SE
LES HIZO CHIQUITO EL MAR
Cipriano Bernal Gazdás
La excelsa "tradición" de la muerteada —esa payasada etílica donde el mezcal corre como agua de río y el juicio se evapora antes de ponerse el disfraz— decidió echarse un round digno de vecindad disfuncional. Y claro, como la ley en esos lares brilla por su ausencia hasta que hay sangre, un infeliz policía municipal tuvo la brillante ocurrencia de hacer su chamba: tratar de poner orden y pagó las consecuencias de caer en manos de la barriada.
¿Y qué pasó? Pues que a la fauna local le salió lo "yope" en pleno éxtasis alcohólico. Se armó la campal como si se tratara de pleito de comadres por el marido en día de plaza, pero con hordas de dizque "indígenas guardianes de la tradición" convertidos en viles energúmenos.
A estos zapotecas enfurecidos del siglo XXI se les olvidó el género, la razón, el respeto y hasta la decencia; lo único que querían era repartir chingadazos a diestra y siniestra.
Los salvajes de Guadalupe Etla y sus ilustres vecinos de la hueva de El Mogote decidieron ponerle no una, sino varias madres a la costumbre, a la cultura y al turismo de una sola sentada. ¡Felicidades, muchachos! ¿Quién en su sano juicio va a querer ir a gastar sus dólares o sus pesos a un pueblo donde los anfitriones te reciben a chingadazos y patadas voladoras enfundados en trapos sucios? Ni en la época de las cavernas se atrevieron a tanto.
“Alcahuetes, Mequetrefes y Otras Especies en Extinción dan la bienvenida a la tradición. Me canso ganso dijo una vez la rata loca de André Manué Loco Obrador.
Lo que comenzó como una dizque "santa tradición" regada a punta de alcohol barato y la eterna frustración de los mequetrefes que pululan por la zona, terminó en una guerra campal de pervertidos del folclor que casi mandan al otro mundo a un servidor público cuyo único pecado fue creer que en México la ley todavía sirve para algo.
Mientras tanto, los alcahuetes de oficio —esos funcionarios de escritorio que aplauden cualquier barbarie con tal de colgarse la medalla de "promotores culturales"— seguro andan escondiendo la cabeza bajo la tierra, temerosos de que se les caiga el negocio del circo turístico.
Aquí no hay romanticismo antropológico que valga: se tiene que aplicar la ley con todo el peso del código penal, caiga quien caiga y se disfrace de nahual, calaca o ánima bendita quien se tenga que disfrazar. Si a estos salvajes se les alcahuetea bajo el pretexto de "usos y costumbres", mañana van a sacrificar turistas en el quiosco del pueblo.
Una cosa es honrar a los difuntos y otra muy distinta convertir el pueblo en Cártel de la Muerteada. ¡A ver si los defensores de la "pureza cultural" se arman de valor y pagan los gastos médicos del policía, en lugar de andar queriendo tapar el sol con un penacho!
La Pregunta de Hoy: ¿Qué opinas de esta joya de la diplomacia pueblerina, le seguimos rascando a la herida de la "cultura" o mejor cerramos el changarro y apagamos las luces?
Comentarios