¿LA GUERRILLA PASÓ A SER UN
RENGLÓN TORCIDO EN EL RECUERDO?
Juan José Díaz Bermúdez/Análisis de Guerrilla
El planteamiento sobre el Ejército Popular Revolucionario (EPR) y la guerrilla contemporánea en México aborda una de las transiciones políticas y sociales más complejas del país. La premisa central parte de una realidad innegable: la lucha armada de izquierda ha dejado de ser un motor de cambio viable para convertirse, en gran medida, en un testimonio histórico anquilosado frente a las dinámicas del siglo XXI.
Los dogmas clásicos de la vía armada y la dictadura del proletariado chocan hoy con un tejido social hiperconectado y permeado por lógicas de consumo.
En la era de internet, la guerrilla sobrevive como un archivo ideológico desfasado, incapaz de competir con la politización fragmentada y digitalizada de las nuevas generaciones.
Incluso en regiones indígenas -históricamente bastiones de resistencia—, las jerarquías tradicionales se han reconfigurado bajo la influencia del capital y el pragmatismo económico, relegando la utopía colectiva.
El surgimiento y expansión de los cárteles del narcotráfico transformaron el mapa geopolítico mexicano. Hoy, el control territorial y económico no se disputa bajo banderas ideológicas, sino mediante la confrontación corporativa del crimen organizado.
Ante un entorno de violencia extrema, el EPR y facciones similares optaron por la invisibilidad y el aislamiento. Su presencia actual responde más a una estrategia de supervivencia y blindaje que a una ofensiva militar activa.
La guerrilla ya no representa la principal amenaza al monopolio de la fuerza del Estado; su relevancia operativa ha quedado eclipsada por poderes fácticos con mayor músculo financiero y operativo.
Si bien las causas que dieron origen a la insurgencia (desigualdad, represión, pobreza y corrupción) siguen plenamente vigentes, los métodos para encararlas han mutado.
El tejido social actual prioriza la subsistencia económica y la monetización individual por encima de la militancia democrática o revolucionaria.
Acabó el mito del "insurgente popular": Como bien se apunta, la figura del guerrillero que toma las armas por convicción comunitaria ha sido sustituida por dinámicas donde el capital y el pragmatismo económico dictan las prioridades cotidianas.
Acaso la guerrilla ha pasado a ser un renglón torcido en el recuerdo?
El EPR y la guerrilla mexicana en general transitaron de ser actores políticos desafiantes a convertirse en referentes memoriales de tragedias estatales y represión. Hoy habitan en el terreno del recuerdo histórico y de la resistencia testimonial.
La esperanza de justicia social sigue latiendo ante la profunda desigualdad del país, pero la vía armada ha quedado sepultada bajo los escombros de un México cooptado por el narcotráfico, el capital y la urgencia económica, dejando a la guerrilla reducida a un eco lejano de lo que alguna vez pretendió transformar.
Ante todo esto hay que considerar que las nuevas formas de resistencia civil y activismo digital en México han logrado suplir el vacío que dejó la lucha armada tradicional en la defensa de los sectores vulnerables por parte de la guerrilla.
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