DE AGUANTA EL HAMBRE A PROMINENTE MILLONARIO

La Mañanera de Sopas de Perico
DEL HAMBRE; A COMER LAS TRES  COMIDAS Y TODAVÍA CON POSTRE 

Cipriano Bernal Gazdás 

El patriota de la gastronomía austera, un prócer del "come cuando hay" que hoy, gracias a las bondades de la Cuarta Transformación o del milagro oaxaqueño en turno, ha cambiado los rugidos de tripas por eructos de suficiencia presupuestal. 

Hablamos de Arturo de Jesús Chávez Ramírez alias “el patitas de Molcajete” , este bodoque del Indeporte, cuya mayor hazaña histórica no es cosechar medallas, sino atiborrarse el bolsillo y el buche con el erario que antes ni en sus mejores sueños de vendedor ambulante se imaginó devorar.

La metamorfosis de esta lacra es digna de estudio científico: El engendro de machín y diablo que un día caminaba por las calles con el estómago pegado a la columna vertebral, hoy deambula  con la prestancia de quien degusta cortes finos argentinos a costillas del pueblo. 

Te incrustan a la nómina y de repente la gastritis crónica desaparece, sustituida por un apetito voraz que ni todo el presupuesto de desarrollo deportivo logra saciar.

Mientras el Zar del Banquete, de gorra traga de okis, los deportistas hacen milagros, pero dijera el bule de Oscar Toribio Rodríguez Hernández no nos pongamos tan exigentes; Arturo el hambriento tiene prioridades muy claras. ¿Para qué gastar en boletos de avión, uniformes dignos o viáticos para los atletas oaxaqueños, si esos recursos pueden destinarse a la noble causa de curarle el hambre atávica al director y a toda su prole?
 
En Oaxaca, los jóvenes talentos no compiten contra rivales extranjeros, sino contra la burocracia. Su disciplina principal es la rifa de tamales, la venta de botes y la kermés para pagarse el camión a la etapa nacional.

Mientras la delegación estatal hace malabares financieros para cruzar la frontera del estado, el sátrapa de Arturo practica el deporte de alto rendimiento: levantar el tenedor con gracia y firmar facturas con descaro para que el pueblo las pague.

No se equivoquen; parodiaría el personaje entre bocado y bocado, "el verdadero esfuerzo titánico es masticar filete diario cuando tus antepasados solo conocían frijoles a huevo y harina".

Al final, el Indeporte en Oaxaca se ha convertido en una elegante fonda de categoría exclusiva para un solo comensal. Los deportistas se quedan sin sueños y sin medallas, pero qué importa: la tripa de Arturo de Jesús Chávez Ramírez por fin descansa después de andar toda la vida rugiendo, hoy está llena de opulencia y completamente olvidada de sus épocas de hambre.

Pero la historia de este festín presupuestal no es un acto unipersonal. Arturo de Jesús Chávez Ramírez, el célebre "patitas de molcajete", no come solo. Qué clase de magnate del erario sería si disfrutara el banquete sin una buena recua de cómplices pastando plácidamente en la nómina del Indeporte.

Según dicen esos que todo lo saben, la fiesta familiar está a todo lo que da, cuentan las malas lenguas —que de malas no tienen nada, pues solo dicen la verdad— que hasta su jefecita la tiene cobrando de a gorrión, gracias a esa entrañable y muy mexicana tradición del nepotismo ilustrado. ¡Un aplauso para la matriarca, que sin mover un dedo ya factura como si fuera atleta de alto rendimiento en la disciplina de estirar la mano!

A este talentoso prócer de la maroma financiera ya le urge una auditoría a fondo, pero de esas que de verdad asustan, para desenterrar todas las artes oscuras que practica con maestría en la administración:
 La Nómina Familiar (S.A. de C.V.) donde cada pariente, cuñado y recomendado encuentra su respectivo abrevadero a costillas del erario.

Desaparecer viáticos para los deportistas mientras aparecen facturas de comensales insaciables en restaurantes de alcurnia es un deporte que domina el malandro del indeporte, cuando naces con el hambre arraigada hasta el tuétano, ningún bolillo, por más jugoso que sea el presupuesto, te va a saciar jamás.

"No es corrupción, es justicia poética," nos diría el personaje mientras acomoda a otro compadre en la dirección de turulos y achichincles, "mis antepasados pasaron penurias, así que hoy me toca tragar por todos ellos, aunque los atletas tengan que vender hasta el alma para ir a competir".

Mientras los oaxaqueños sudan la camiseta organizando rifas para representar dignamente al estado, el clan del Indeporte sigue digiriendo el botin con total impunidad. Al final, los deportistas se quedan sin apoyos, pero la parentela de Arturo descansa feliz, con la panza llena y el corazón contento.

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