La Mañanera de Sopas de Perico
LA COSECHA DE CORRUPTELAS
NO TERMINAN EN EL COBAO
Cipriano Bernal Gazdás
Bajo la corrupta batuta de la “directora general”, Delfina Guzmán Díaz, la institución ha demostrado una audaz eficiencia financiera digna de aplauso. ¿Para qué pagar la quincena completa del 15 de septiembre a esos docentes interinos mal acostumbrados a cobrar por trabajar?
Es mucho más lucrativo recortarles los días y aplicar la vieja máxima de la austeridad republicana: el sueldo que no se paga es el sueldo que se ahorra, o mejor aún, el que se recicla con fines más elevados para las carteras de los hampones del bienestar.
Y es que gobernar requiere sacrificios, o al menos un buen inventario de favores políticos que saldar. Los espacios no se llenan solos ni por mera meritocracia, qué tontería. Para eso se necesita una cuidadosa ingeniería de lealtades donde el mérito académico estorba y el nepotismo brilla con luz propia.
Ahí están el director académico, Giovani Jahir Rojas Pacheco, y Jessica Soledad Ortiz Guzmán —fiel representante de la meritocracia familiar desde la oficina particular—, encargados de dinamizar el maltrecho sistema de contratación mediante un práctico esquema de cuotas y peajes. Al fin y al cabo, un interinato bien vale una mochada; nadie regala el derecho a pararse frente a un pizarrón en ruinas sin antes pasar la charola.
Mientras tanto, los alumnos se hacinan en los salones a ver quién cae primero o juegan a adivinar qué materia les tocará cuando el calendario político finalmente decida apiadarse de ellos. Afuera, la jerarquía institucional opera con precisión de relojero: Primero el reparto del botín, luego la mordida para asegurar la plaza y, muy al fondo de la lista de prioridades, allá donde ya no importa, los alumnos y los profesores. Una obra maestra de la burocracia estatal donde la educación no es un derecho, sino un estorbo administrativo que interrumpe los negocios de la familia para seguir haciéndose más ricos cada quincena.
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