REY MORALES SÁNCHEZ RESULTÓ TODO UN SICARIO

La Mañanera de Sopas de Perico
REY MORALES SÁNCHEZ 
RESULTÓ TODO UN SICARIO

Cipriano Bernal Gazdás 

El honorable sindicato de transportistas ASAEO —esa entrañable organización de servicio a la comunidad que empezó con la modesta y pacífica labor de quemar microbuses, apalear rivales y cobrar un peaje por respirar el aire de Oaxaca— por fin ha sido incomprendido por las autoridades. Resulta que las almas de caridad que operaban bajo este membrete gremial, dueñas de un encantador emporio de taxis, mototaxis, pipas, AK-47, AR-15 y contabilidad en libretas escolares, han sido acusadas de extorsión, cobro de piso, despojo, narcomenudeo y uno que otro homicidio por encargo. ¡Qué manía la de la FGR de juzgar a los emprendedores locales que solo querían diversificar su cartera de negocios! (Sarcasmo)

Pero lo más conmovedor de esta tragedia burocrática es la inocencia pulcra e infantil de la Secretaría de Movilidad (Semovi). ¡Pobrecitos! ¿Cómo iban a saber que el subsecretario de Regulación y Control del Transporte, Rey Morales Sánchez, compartía pasillo, aire el café y hasta el petate  con una estructura criminal que abarcaba 90 municipios? Pretender que el subsecretario tenía la más remota idea de que sus subordinados cobraban cuotas y usaban los corralones como sucursales de reclutamiento del ASAEO es una falta de respeto a su capacidad para mirar fijamente hacia el horizonte y no ver absolutamente nada.

Evidentemente, las acusaciones de los Taxistas Foráneos Unidos sobre supervisores pidiendo sobornos para liberar unidades a cambio de la bendita afiliación sindical son pura grilla barata. ¿A poco una organización pacífica que contaba con regidoras municipales, arsenales de guerra y una lideresa de tierno apodo como “La Italia” iba a necesitar la ayuda institucional de la Semovi? 

¡Por favor! Si el propio fiscal estatal  recnoció  que la delincuencia organizada “opera con la participación de autoridades”, quizás los funcionarios solo participaban por pura vocación social, tal vez en calidad de becarios o prestadores de servicio comunitario.

Y ni hablemos del desafortunado detalle del periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar, quien tuvo la pésima ocurrencia de denunciar la permisividad oficial con el ASAEO antes de ser ejecutado en una zona donde, según las propias autoridades, el sindicato ejercía un entrañable “control de la violencia”. Qué coincidencia tan desagradable que el comunicador haya adelantado su columna y, acto seguido, le cayera encima la fatalidad del destino, justo en el mismo territorio donde ahora la FGR catea casas de seguridad, desmantela redes financieras y arresta a sujetos encantadores conocidos como “El Chabelo”. Seguramente fue el estrés de la temporada de lluvias.

Mientras tanto, ahí tenemos a Rey Morales, incólume, sentado en su sillón ergonómico, demostrando que en el servicio público mexicano se puede tener el agua hasta el cuello, los pies en el fango y la frente en alto, negando rotundamente haber notado que su oficina funcionaba como ventanilla única de trámites para el crimen organizado. Un verdadero ejemplo de resiliencia administrativa: los dirigentes en prisiones federales, los operadores con fusiles de asalto asegurados, y el funcionario encargado del transporte público convertido en el único espectador de su propia zona de desastre, esperando con paciencia franciscana a que pase la tormenta o a que alguien le avise que ya no tiene chamba.

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