LA DISONANCIA DE LA
SOBERANÍA EN MÉXICO
Juan José Díaz Bermúdez/Análisis de Seguridad Nacional
La premisa de una soberanía absoluta e incólume choca frontalmente con la penetración sistemática del territorio mexicano por parte de redes delictivas transnacionales y actores geopolíticos de alto riesgo, lo que configura un escenario de vulnerabilidad estructural.
La política de apertura de fronteras implementada en el sexenio anterior, combinada con la presión migratoria masiva hacia Norteamérica, generó un punto ciego crítico para los sistemas de inteligencia y control fronterizo de México: Pérdida de control del flujo migratorio: El tránsito desregulado dejó de ser un fenómeno exclusivamente humanitario para convertirse en un vector de riesgo de seguridad nacional.
Bajo el amparo de las caravanas y la saturación institucional, han ingresado al país personas con antecedentes penales graves en sus naciones de origen, incluyendo exguerrilleros sudamericanos y operadores criminales experimentados.
La incapacidad operativa para registrar, filtrar y neutralizar estos ingresos vulnera el principio fundamental de la soberanía: el control efectivo del territorio y el monopolio de la seguridad interior.
Lejos de ser un territorio libre de injerencias o presencias indeseadas, el espacio soberano mexicano ha sido cooptado operativamente por estructuras multinacionales del crimen organizado.
Se ha documentado la presencia de instructores y sicarios de diversas nacionalidades (colombianos, rusos, croatas, salvadoreños, guatemaltecos y estadounidenses) prestando servicios tácticos a los cárteles mexicanos.
Estos elementos extranjeros aportan conocimientos militares avanzados en guerra urbana, manejo de artefactos explosivos improvisados (IEDs) y contrainteligencia, elevando la amenaza interna a niveles paramilitares.
Utilizar el concepto de soberanía únicamente como escudo político ante críticas externas, mientras el territorio interno es operado por células criminales internacionales, representa una contradicción estratégica insostenible.
Sin embargo surge una posibilidad de amenaza asimétrica y el factor geopolítico con (El Riesgo Hezbollah y Hamás).
Quizás el flanco más delicado para la seguridad nacional radica en la intersección entre el crimen organizado transnacional y el terrorismo internacional.
La vasta geografía de los desiertos del norte de México ofrece condiciones de anonimato y porosidad ideales para el ocultamiento de células terroristas, incluyendo posibles remanentes de Hezbollah que buscan evadir la persecución de agencias de inteligencia internacionales, particularmente de Israel.
La existencia de estas redes en territorio mexicano no solo vulnera la seguridad interna, sino que constituye una amenaza directa contra la seguridad nacional de Estados Unidos, dado el objetivo compartido de debilitar o vulnerar al vecino del norte desde la frontera sur.
Esta situación incrementa de manera exponencial el riesgo de operaciones encubiertas o sorpresivas por parte de agencias estadounidenses y posibles acciones conjuntas de inteligencia con Israel, violentando de facto la soberanía nacional que el Estado mexicano presume defender en el plano político.
Desde el punto de vista de la doctrina militar y la seguridad nacional, la soberanía no se defiende con proclamas ideológicas, sino mediante el ejercicio efectivo del control territorial, la inteligencia estratégica y el sellado de fronteras. La permisividad operativa frente a criminales extranjeros y el riesgo latente de bases terroristas en suelo mexicano colocan a México en una posición de extrema vulnerabilidad geopolítica. Si el Estado mexicano no recupera la capacidad de depurar sus fronteras y erradicar estas redes transnacionales, el vacío de poder será llenado inevitablemente por acciones unilaterales de potencias extranjeras, pulverizando definitivamente el concepto de soberanía que se pretende proteger.
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