La Mañanera de Sopas de Perico
LEALTADES DE CARTÓN Y
TRAICIONES DE PASILLO
Cipriano Bernal Gazdás
En el exótico ecosistema político de Oaxaca, donde el folclor a veces se mezcla con el cinismo más puro, las lealtades duran lo que una tlayuda bajo la lluvia.
Mientras en público se montan verdaderos actos de circo, maroma y teatro para arrancarle una sonrisa a Chalito, en los sótanos del poder los puñales ya ni se afilan: Se usan directamente por la espalda.
Sabrán por los rumbos del Palacio de gobierno de Oaxaca que Delfina Guzmán Díaz, la flamante y por lo demás incorruptible —léase con ironía pura— directora del Cobao, anda muy entretenida ¿haciendo malabares?
Por un lado, dicen las malas lenguas de pasillo, coquetea tras bambalinas con Luisa Cortés García; pero en el terreno de los hechos opera con discreción quirúrgica boicoteando el proyecto electoral que supuestamente debería defender con uñas y dientes.
Que nos explique la señora Delfina de qué habla exactamente en sus reuniones privadas con Gloria y Héctor Sánchez López . Porque, seamos honestos, cuesta creer que en esos encuentros clandestinos se anden compartiendo recetas de lomito de res o intercambiando secretos sobre cómo preparar un buen getabingui istmeño.
De la puerta para afuera: Aplausos sincronizados, discursos de unidad transformadora y sonrisas para la foto oficial,
de la puerta para adentro: Zancadillas, reuniones en lo oscurito y operadores políticos jugando a dos bandas para curarse en salud por si el barco llega a zozobrar.
Al final, la institucionalidad en el gabinete se ha vuelto un adorno tan útil como nariz de payaso.
¿Se darán cuenta en la cúpula que los peores enemigos de su proyecto no están en la oposición, sino repartiéndose puestos, presupuestos y traiciones a la hora del postre?
Por si al gabinete no le faltara sazón, resulta que la directora del Cobao no pone todos sus huevos en la misma canasta, ni mucho menos limita sus coqueteos políticos a la familia Sánchez López. No señor, la ambición no tiene ideología y el doble juego siempre exige más opciones en la agenda negra.
Dicen los enterados que Delfina Guzmán Díaz también le guiña el ojo y le teje finas redes nada menos que al personaje de Benjamín Robles Montoya alias “el loco”, ese clásico del folclor político al que muchos ya califican con sorna de "enfermo mental" por sus constantes arrebatos y piruetas de conveniencia.
Mientras por delante se rasgan las vestiduras alabando la pureza de la transformación, por lo oscurito arman el aquelarre con la oposición más rancia y los eternos oportunistas que viven del presupuesto ajeno. Al final, los acuerdos bajo la mesa demuestran que en la "cuarta deformación" el chapulineo es deporte olímpico y la lealtad, un simple estorbo.
Con este nivel de infiltración y traiciones de pasillo, ya va siendo hora de desempolvar los manuales de la vieja escuela y reactivar a la policía política.
Solo así, con lupa y expediente en mano, se podría hacer un mapa exacto de cuántos camaleones integran las hordas de opositores "calabaceados" que pululan dentro del propio gobierno: vacíos por dentro, huecos de convicciones, pero bien acomodados a la sombra del poder.
La Pregunta de hoy.- A poco esperaban que los enemigos del proyecto ¿se escondieran afuera?
¡Si los mejores saboteadores despachan cómodamente con oficina propia y sueldo seguro!
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