¡EL PUEBLO SE CANSA DE TANTA PINCHE TRANZA!

La Mañanera de Sopas de Perico
¡EL PUEBLO SE CANSA DE
TANTA PINCHE TRANZA!

Cipriano Bernal Gazdás 

El noble arte de la administración pública oaxaqueña ha alcanzado un nivel evolutivo tan avanzado que la Secretaría de Infraestructuras ya no construye caminos ni puentes, sino fortunas dinásticas. Bajo la batuta de Sildia Mecott Gómez, la SINFRA se ha consolidado como un próspero emporio familiar donde el presupuesto estatal no se ejerce, se hereda, se recicla y se multiplica para bienestar de los hijos de los morenistas, con la precisión de un culto a la opulencia. 

Afuera, la realidad del estado se desgasta entre baches lunares y obras inconclusas mal hechas que parecen ruinas prehispánicas antes de ser inauguradas; adentro, los "negocios redonditos" fluyen con la calidez de una cena familiar donde todos los comensales comparten apellido, chequera y una absoluta falta de pudor.

Mientras tanto, en la Secretaría de Honestidad y Transparencia, Leticia Elsa Reyes López desempeña un papel digno de la gran dramaturgia del absurdo. Su presencia en el gabinete no incomoda a nadie; es más bien una pieza decorativa de alta gama, una observadora silente que contempla el dispendio financiero con la misma fascinación de un payaso en el circo. 

Para qué mancharse las manos investigando contratos directos, adjudicaciones a la medida o licitaciones fantasma si se puede optar por el apacible confort del mutismo institucional. Al fin y al cabo, la transparencia en este gobierno es un concepto tan abstracto que solo existe en los anuncios de propaganda, mientras la pocilga de roedores sin escrúpulos se da un banquete a cuatro tiempos con el erario.

Leticia Elsa debería intervenir con urgencia, un llamado a la acción tan tierno como ingenuo. ¿Intervenir dónde y con qué propósito? Pedirle a la administración actual que audite este tipo de nidos de corrupción es como solicitarle a un zorro que funja como auditor fiscal del gallinero. Las redes de complicidad están tan finamente tejidas que cualquier sacudida podría derrubar el frágil andamiaje del poder.

Sin embargo, tanta desvergüenza y banquete de sobreprecio gubernamental corre el riesgo de despertar al monstruo menos deseado por la autocracia en turno: el electorado. En las próximas contiendas en las urnas, la acumulación de tanta ignominia, nepotismo, corrupción, contratos entre parientes y simulaciones de honestidad podría cobrar factura en forma de un severo voto de castigo contra Morena y sus aliados entre los que va el Partido del Trabajo. 

A fin de cuentas, los ciudadanos pueden aguantar baches, ocurrencias y discursos de austeridad republicana con sabor a burla, pero la certeza de que el presupuesto se esfuma en los bolsillos de una casta insaciable suele ser el recordatorio perfecto de que la paciencia social tiene un límite, convirtiendo las urnas en el único espacio donde el pueblo, harto de tanto roedor de cuarta, decide barrer la pocilga por la vía democrática.

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