LOS MORENOS INCÓMODOS

La Mañanera de Sopas de Perico
LOS NARCO MORENOS NO DEBEN
OLVIDARSE DEL TÍO SAM

Cipriano Bernal Gazdás 

La sombra de Washington se cierne sobre el partido guinda en México.

Hay ausencias que gritan más que cualquier discurso oficial. En su reciente visita a Oaxaca, la presidenta Claudia Sheinbaum pareció habérsele olvidado incluir en el mapa político al invitado más incómodo de la fiesta morenista: el Tío Sam, un espectador que, desde el norte, observa con lupa y profundo recelo a la cofradía de los Murat.

No es un secreto a voces, sino un hecho documentado, que Alejandro Murat forma parte de la lista negra de exfuncionarios y políticos mexicanos a los que Washington les ha negado la visa. Los motivos oficiales o diplomáticos se difuminan a veces en el sigilo, pero el trasfondo apunta invariablemente a presuntos vínculos con redes e intereses que Estados Unidos ha etiquetado bajo el rigor de su seguridad nacional. 

Recibir con alfombra roja a estos clanes no es solo un acto de pragmatismo político local; es una provocación directa a la geopolítica de la Casa Blanca.

Sobre todo cuando una tormenta comienza a formarse al norte de la frontera.

A este panorama ya de por sí turbio se suman factores explosivos que la dirigencia oficialista prefiere ignorar:
 El Departamento de Justicia acecha: Trascendidos diplomáticos y agencias de inteligencia apuntan a que, en el corto plazo, Washington podría dar sorpresas de alto impacto en territorio mexicano, enfocadas en desmantelar redes de complicidad transfronteriza.
 
La línea dura de la administración Trump: Las recientes declaraciones del presidente estadounidense, al sentenciar sin ambages que "México no es amigo", marcan una distancia gélida que debería encender todas las alertas en Palacio Nacional.

"Creer que las promesas de campaña de Donald Trump —centradas en el combate frontal a los cárteles y a la narcopolítica— eran meras ocurrencias electorales es un cálculo político suicida."

Morena es un partido que se debilita en casa y en el extranjero, frente a una administración como la de Trump que no vacilará en aplicar la ley.

Frente a este escenario, el análisis político arroja una conclusión lapidaria: la presidenta Sheinbaum, en lugar de legitimar y cobijar a clanes que cargan con el estigma de la sospecha, debería replantear sus alianzas. Morena enfrenta hoy una doble pinza:

El desgaste interno: El movimiento guinda experimenta un desgaste cotidiano en las preferencias del electorado, erosionado por la incorporación de operadores cuestionados que alejan al partido de sus promesas originales de honestidad.

El aislamiento exterior: El distanciamiento del socio comercial y político más poderoso del mundo pone en entredicho la estabilidad macroeconómica y la viabilidad de la soberanía nacional en el tablero internacional.

La falta de criterio político para marcar distancia —y, en su caso, aplicar la ley— frente a personajes aliados con el pasado más oscuro de la corrupción y el compadrazgo, tendrá un costo elevado. El Tío Sam no olvida, no perdona y, sobre todo, cobra las facturas cuando menos se espera.

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