LOS CHESPIRATAS

La Mañanera de Sopas de Perico
LOS CÁRTELES EN EL PODER POLÍTICO 

Cipriano Bernal Gazdás 

 La política oaxaqueña arrastra una memoria de agravios donde los apellidos no solo designan linajes familiares, sino estructuras de poder perpetuadas a través de los presupuestos públicos. El caso de Raúl Bolaños Cacho Cué sintetiza la persistencia de una clase política que ha convertido el ejercicio gubernamental en un patrimonio personal por más de un siglo. 

Junto a clanes como los Murat, esta dinastía representa para amplios sectores de la sociedad oaxaqueña el símbolo de un sistema donde la función pública se confunde con el beneficio privado, donde las fortunas son hechas a costa del sudor y sangre del pueblo.

El enojo social que recae sobre estas figuras no responde únicamente a la prolongada ocupación de cargos de elección popular o designaciones burocráticas, sino a la naturaleza de su gestión y a la fragilidad institucional que la hace posible. La simulación de obras mediante empresas fantasma y la opacidad en la asignación de contratos revelan un esquema de saqueo institucionalizado que erosiona el tejido social y desvía recursos esenciales para el desarrollo del estado.

La permanencia de estos actores en la vida política mexicana evidencia las limitaciones del sistema para depurarse a sí mismo. 

Mientras la exigencia ciudadana demanda la aplicación de la ley contra cualquier forma de corrupción —tanto la vinculada directamente con economías criminales como la operada desde los laberintos de la contratación gubernamental—, las élites tradicionales suelen encontrar mecanismos de recambio para mantenerse vigentes.

El rechazo expresado en el dominio público hacia los Bolaños Cacho y los Murat plantea una interrogante ineludible sobre el futuro político de Oaxaca: la capacidad de las instituciones para superar prácticas seculares de clientelismo y garantizar que el ejercicio del poder público responda de manera efectiva al interés general, cerrando el paso a la impunidad y a los cotos de influencia heredados.

Raúl Bolaños Cacho Cué tendrá que explicar su amistad y protección que en algún momento brindó al apestado narco terrorista el ex gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

El amigo de los narcos como ahora es conocido Raúl Bolaños Cacho Cué está sin duda bajo la lupa de los Estados Unidos. Su aspiración por gobernar el municipio de Oaxaca de Juárez tiene que quedar en espera, luego que es difícil creer que Estados Unidos permita que otro gobernante esté a disposición de los cárteles del narco terrorismo y su afinidad por Rocha Moya lo pone en el blanco de la DEA.

Junto con aspirar gobernar la ciudad de Oaxaca de Juárez, está presidir la cámara. Serán tan cínicos los de Morena y el Verde Ecologista para estar retando  ¿al vecino del norte?

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