LA OPOSICIÓN DE CARTÓN EN OAXACA

La Mañanera de Sopas de Perico
LA OPOSICIÓN DE CARTÓN EN OAXACA

Cipriano Bernal Gazdás

En Oaxaca, la oposición política ha encontrado un enemigo a la medida de su mediocridad: los clones de marcas de alta gama que se compran algunos funcionarios. Ante ese “escándalo”, se rasgan las vestiduras con teatralidad digna de una telenovela de bajo presupuesto. Denuncian el reloj, el bolso o el zapato marca patito, pero guardan un silencio cómplice y calculado frente a la corrupción estructural, el nepotismo, las empresas fantasmas y el tráfico de influencias que han saqueado al estado durante décadas. Será porque ellos tienen ¿las mismas prácticas?

Esa hipocresía no es casual. Forma parte del perfil de una oposición caduca, más ocupada en la persecución enfermiza del poder que en ejercer una crítica seria y coherente.

Benjamín Robles Montoya, cacique politiquero del Partido del Trabajo, es el ejemplo más claro de esa deriva. Su obsesión por el poder lo ha llevado a un estado de permanente agitación, casi esquizofrénica, en el que la denuncia selectiva sustituye cualquier aporte sustantivo. Habla, gesticula y se indigna, pero calla cuando toca señalar los excesos reales de corrupción  del gobierno. La crítica, en su caso, no es un ejercicio de responsabilidad pública: es un instrumento de posicionamiento personal con objetivos personalísimos nunca a favor de la mayoría.

A su lado aparece Dante Montaño Montero, personaje que arrastra carpetas de investigación por corrupción y que, sin embargo, se permite señalar a diestra y siniestra sin el menor asomo de autocrítica, ve la paja en el ojo ajeno e ignora la viga que trae en sus ojos. 

Su trayectoria política, marcada por una licenciosidad y una opacidad que él mismo parece ignorar, lo convierte en un fiscal de cartón. Quien no se atreve a mirarse al espejo no tiene autoridad moral para erigirse en juez de nadie.

La oposición suma también a los Murat, esa dinastía que insiste en regresar a Oaxaca para seguir operando lo que muchos llaman el cártel del despojo: empresas fantasmas, uso del poder para el tráfico de influencias y una cultura de saqueo institucionalizada. José Nelson Murat Casab enfrenta graves problemas de salud que han diezmado las actividades de la pandilla muratista.

Sin embargo preparan asaltar una vez más a Oaxaca a través de Ivette Morán de Murat a la que moldean para la presidencia municipal de la ciudad de Oaxaca.

Alejandro Murat Hinojosa verá reducida su presencia política, y su consorte, Ivette Morán de Murat, deberá resignarse —si la lógica democrática se impone— a cuidar de sus negocios  sin pretender continuar el saqueo de Oaxaca, aunque la enfermedad de poder de los Murat no tiene límites.

Lo que Oaxaca necesita no es una oposición que se escandaliza por los clones de lujo mientras ignora las estructuras de corrupción que han empobrecido al pueblo. Necesita una oposición que denuncie con la misma energía el nepotismo, las facturas falsas, las empresas de papel y el uso patrimonialista del poder. Mientras la crítica se limite a lo superficial y se omita lo estructural, esa oposición seguirá siendo lo que es: un decorado ruidoso, útil solo para simular pluralidad, pero incapaz de ofrecer una alternativa real, que espera la llamada para incluirse en el presupuesto.

La ciudadanía oaxaqueña ya no se conmueve con los gritos de quienes, al mismo tiempo, han sido parte del problema. La indignación selectiva no es virtud: es complicidad disfrazada por parte de aquellos payasos que se dicen oposición y no son más que integrantes del convite.

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