La Mañanera de Sopas de Perico
OAXACA EN EL TABLERO DE LA
DESCOMPOSICIÓN POLÍTICA NACIONAL
Cipriano Bernal Gazdás
A pesar de carecer de un tejido industrial robusto y de aportaciones fiscales sustanciales a la federación, la disputa por el poder en este estado se ha convertido en la codiciada cereza del pastel para una clase política voraz. Son los mismos buitres de siempre —los operadores del más oscuro pasado priista que hoy portan con desvergüenza los colores y las siglas de Morena— quienes insiste en continuar depredando los recursos públicos de una tierra condenada históricamente a la marginación.
La llegada del partido gobernante a Oaxaca, apuntalada por acuerdos y convenios políticos suscritos por el exgobernador Alejandro Murat —sobre quien pesan investigaciones en los Estados Unidos—, relanza un debate urgente y doloroso: Gobernar Oaxaca sigue dejando ganancias estratosféricas para quienes, desde el poder, administran la pobreza y el presupuesto como un botín personal.
Por su parte, el bloque derechista del país, fiel a su manual de cinismo, no desaprovecha la tragedia. Ante el homicidio de un periodista en la entidad, la oposición se lanza de inmediato a capitalizar el dolor ajeno, buscando deslegitimar sin pruebas contundentes la actual administración de Salomón Jara Cruz. El uso político de la violencia demuestra que, para los conservadores, las vidas humanas son meros combustibles electorales.
Sin embargo, los actores están más que retratados. La presidenta Claudia Sheinbaum intentó limar asperezas y tender puentes entre las facciones que hoy se disputan ferozmente el control político del estado.
En su lectura, la disputa no la encabeza frontalmente Alejandro Murat, sino la sombra ominosa de su padre, el nefasto José Nelson Murat Casab, patriarca de una dinastía que ha hecho del saqueo institucional un arte.
En Palacio Nacional como siempre "se tienen otros datos". La realidad en territorio oaxaqueño contradice cualquier intento de pacificación superficial: Alejandro Murat Hinojosa se mantiene más que activo, operando en los sótanos de la grilla local para minar y obstaculizar la gestión de Jara Cruz, demostrando que la lealtad partidista es efímera cuando los intereses de clan están en entredicho.
Habrá que aguardar el pulso de los próximos días. Si la prudencia logra contener los apetitos voraces y la violencia cede, las aguas podrían regresar a un cauce institucional que permita la construcción de acuerdos, priorizando el bienestar social por encima de la confrontación estéril.
De lo contrario, si prevalece la codicia desmedida, el epílogo de esta historia se encamina hacia un escenario violento y tenebroso. En la política mexicana, cuando el botín es el poder absoluto, las reglas se rompen y los límites simplemente dejan de existir. No se descarta más violencia.
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