EL NARCO HISTÓRICO

La Mañanera de Sopas de Perico
EL FANTASMA DEL PASADO 
Y LA SOMBRA DEL NARCO 

Cipriano Bernal Gazdás 


"El narcotráfico no emergió en el vacío; se incrustó en las estructuras del poder político como un árbitro de la impunidad, moldeando sexenios y pactos bajo la sombra de la complicidad institucional."

No se puede olvidar que Rubén Rocha Moya ex gobernador de Sinaloa y Andrés Manuel López Obrador son parte del PRI, olvidarlo es negar la historia.

La discusión pública sobre el futuro político de México no puede desligarse de una revisión profunda y sin concesiones de su historia reciente. Sostener el regreso de opciones políticas tradicionales, como el PRI, representa negar más de ochenta años de hegemonía caracterizada por el ejercicio faccioso del poder y la normalización de redes de protección criminal.

Los costos de la colusión histórica la están pagando las actuales generaciones.
Durante décadas, los gobiernos del PRI —y posteriormente los del PAN— permitieron el asentamiento y la expansión de los carteles de la droga mediante acuerdos políticos y económicos multimillonarios.

 La exportación sistemática de violencia y drogas hacia los Estados Unidos cobró la vida de miles de jóvenes norteamericanos, un drama que durante años encontró omisión y complicidad en las altas esferas de ambos lados de la frontera.

La impunidad no fue un accidente del sistema, sino un mecanismo de control donde las instituciones públicas sirvieron de fachada para legitimar redes de negocios ilícitos.

Reducir la complejidad del narcoterrorismo y la narcopolítica a un solo actor o partido es un error analítico. La infiltración del crimen organizado en la vida pública mexicana es una cultura delictiva transversal que ha tocado y comprometido a múltiples fuerzas políticas, incluyendo al PRI, PAN, PT y PVEM, PRD. Desde los pactos abiertos de la narcopolítica clásica hasta la exposición pública de afinidades en administraciones recientes, la constante ha sido la subordinación de la soberanía del Estado frente a los intereses de los carteles.

La corrupción y los nexos históricos con el narcotráfico siguen pesando como una losa sobre el desarrollo democrático de México. Ninguna opción que cargue con el lastre de la complicidad criminal puede presentarse como una alternativa viable para sanar a la nación.

No es tiempo de buscar culpables, es el momento de actuar sin protagonismos, sin citas históricas o envolviéndose en la bandera. La guerra contra los cárteles del narcotráfico es un imperativo que urge para sanar a la patria.

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