MURAT Y ROBLES UN PELIGRO PARA OAXACA

La Mañanera de Sopas de Perico
EL DELIRIO POLÍTICO Y LA 
MISERIA ÉTICA DE BENJAMÍN ROBLES MONTOYA Y JOSÉ NELSON MURAT CASAB

Cipriano Bernal Gazdás 

El delirio político y la miseria ética de Benjamín Robles Montoya y José Nelson Murat Casab no tiene precedente.

Tratan de manipular la tragedia que vive la familia de Alejandro Leyva, un luto que como víctimas indirectas llevarán como parte intrínseca, para que además de sufrir la pérdida tengan que soportar la manipulación del caso por parte de José Nelson Murat Casab y su socio Robles Montoya, quienes han convertido el escenario en una de las afrentas más mezquinas y deplorables de la clase política nacional. 

Lejos de la solidaridad, el recato o el respeto elemental hacia una vida arrebatada, el dirigente estatal del Partido del Trabajo (PT), Benjamín Robles Montoya, optó por el camino de la abyección: manipular mediante inteligencia artificial un retrato hablado oficial para superponer el rostro del gobernador de Oaxaca. 

No estamos ante una ocurrencia desafortunada ni ante una broma de mal gusto. Nos encontramos frente al síntoma inequívoco de una clase política guiada por el hígado y no por el cerebro, donde la miseria ética supera cualquier cálculo racional. Robles Montoya dejó al descubierto una combinación tóxica de ignorancia e insensatez patológica, utilizando un crimen atroz como miserable moneda de cambio en su rencilla personal y política.

¿Distracción, confusión o delirio?
La pregunta  obligada ante semejante despropósito es de carácter toral: ¿cuál era el verdadero objetivo de alterar un documento ministerial clave en una investigación por homicidio? ¿Acaso pretendía dinamitar el cauce de las indagatorias, sembrar el caos en la opinión pública o fabricar una cortina de humo para desviar la atención de las pistas reales?, lo que lo hace potencialmente sospechoso.

Al difundir una imagen falsa del presunto sicario, el dirigente petista no solo incurrió en una irresponsabilidad mayúscula —obstaculizando la labor de procuración de justicia—, sino que terminó convirtiéndose, por obra de su propia torpeza, en un elemento digno de escrutinio dentro del propio proceso de investigación. Su obsesión por denostar al mandatario estatal lo cegó a tal punto que sacrificó la mínima decencia humana, convirtiendo el dolor de una familia en un vulgar panfleto digital.

El ejercicio del poder y la política partidista no pueden ni deben ser el refugio de personajes cuya inestabilidad emocional y ambición desmedida cruzan la frontera de la cordura. El odio y la envidia política, cuando se transforman en delirios de locura, dejan de ser una anécdota desafortunada para convertirse en un riesgo social.

Es imperativo y necesario que las instancias correspondientes llamen a cuentas a este cacique de la política oaxaqueña. La sociedad exige justicia para el comunicador caído, y esa justicia también pasa por sancionar con rigor a quienes, desde la comodidad de sus privilegios y la mezquindad de sus fobias, revictimizan a la sociedad y enturbian la verdad con el único afán de saciar sus apetitos de poder. Oaxaca ya no está para payasos de la infamia ni para mercaderes del dolor ajeno.

La familia Murat y Robles deben evitar seguir dañando a Oaxaca.

José Nelson Murat Casab perjudicó a Oaxaca en el 2006 al tratar de saciar su odio contra Ulises Ruiz Ortiz.
Perversamente  dinamitó Oaxaca para operar a favor de su hijo Alejandro Murat Hinojosa quien llegó un sexenio después.

Hoy; se aprovecha del luto ajeno para imponer a su nuera Ivette Morán de Murat a la gubernatura o la presidencia municipal de la ciudad de Oaxaca.

Murat y Robles están enfermos de grandeza y poder, no les importa bailar sobre el cuerpo inerte del comunicador con tal de acceder al poder.

¿Seguirá Oaxaca tolerando a Murat un pervertido sujeto de marras?

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