BAJO LA LUPA: El PT Y LA
SUBASTA DE LA PAZ EN OAXACA
María del Pilar Rodríguez Muro
En la intrincada red que teje el poder en Oaxaca, hay hilos que, por más que se intenten ocultar, terminan revelando una trama de desestabilización que no responde a causas sociales, sino a intereses cupulares. Lo que hoy ocurre en la capital del estado, orquestado desde las sombras del Partido del Trabajo (PT), no es otra cosa que un intento por erosionar la gobernabilidad, utilizando como moneda de cambio la educación y la estabilidad de las familias oaxaqueñas.
La estrategia es clara y, para quienes observan de cerca el tablero político, resulta burda: el PT, en su afán por consolidar estructuras en la capital, ha decidido operar bajo la lógica del "cuanto peor, mejor". A través de operadores cercanos a Benjamín Robles Montoya —con Pablo Munguía como pieza clave en el engranaje—, el partido ha desplegado una red de financiamiento oscuro que busca infiltrar los sindicatos, prometiendo canonjías y plazas a cambio de una lealtad que huele a traición hacia la actual administración del ingeniero Salomón Jara Cruz.
El epicentro de esta turbulencia es el SUTCSEIIO. Las denuncias internas señalan que su dirigente, Gamaliel Caballero Mejía, ha dejado de lado la representación laboral para convertirse en un brazo ejecutor de una agenda política ajena. Acompañado por figuras como Magdalena Escobar Villa, secretaria de Trabajo y Conflictos, la cúpula sindical parece haber cambiado las mesas de negociación en la Secretaría de Gobierno por un pacto millonario cuyo objetivo es el golpeteo político, especialmente en épocas de alta visibilidad como las temporadas festivas.
El cinismo de esta dirigencia no tiene límites. Mientras despliegan una supuesta "lucha sindical", la realidad es que sus representantes brillan por su ausencia en los acuerdos oficiales. El costo de esta desobediencia pactada lo pagan los de siempre: las comunidades y el alumnado. Bajo el disfraz de exigencias gremiales, los docentes afines a esta facción abandonan las aulas, dejando tras de sí una estela de rezago educativo y una indignación creciente en los municipios, cuyas autoridades ya empiezan a alzar la voz contra un sindicato que, lejos de educar, se ha convertido en un foco de conflicto.
Pero el trasfondo es aún más oscuro. Se habla de una presión millonaria sobre el CSEIIO por 2.8 millones de pesos supuestamente destinados a uniformes, con la sospecha —casi certeza en los pasillos sindicales— de que la mitad de ese recurso tiene como destino final los bolsillos de unos cuantos, lejos de las bases basificadas que, al parecer, son mantenidas en la ignorancia.
Más grave aún es la mancha ética que carga la dirigencia: el presunto encubrimiento de casos de acoso sexual. Resulta indignante que la misma Secretaría de Trabajo y Conflictos, encargada de vigilar el bienestar de los trabajadores, sea señalada por ignorar denuncias de violencia de género, protegiendo a agresores en lugar de garantizar un entorno escolar seguro.
Es momento de que la base trabajadora del SUTCSEIIO despierte. Gamaliel Caballero y su grupo han convertido al sindicato en un botín político, sacrificando la credibilidad de la organización para alimentar intereses personales y las aspiraciones de quienes ven en la inestabilidad social una oportunidad de ascenso. La educación en Oaxaca merece una representación que trabaje por los valores y el futuro de la niñez, no una estructura que se enriquezca a costa de la paz social.
Oaxaca ya no está para chantajes de quienes confunden el ejercicio sindical con la extorsión política. La pregunta es: ¿hasta cuándo permitirán los trabajadores ser carne de cañón de una cúpula que los traiciona por unos cuantos pesos?
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