La Mañanera de Sopas de Perico
LA HISTORIA DE CORRUPCIÓN
DE ANA CECILIA PÉREZ VELÁZQUEZ
Cipriano Bernal Gazdás
La corrupta mujer llegada al poder municipal bajo las bandera de Morena en enero de 2025, prometía renovar la esperanza de un pueblo que, como tantos en México, arrastra décadas de abandono, inseguridad y promesas rotas.
Sin embargo, su gestión ha revelado un retrato más sombrío: el de una administradora cuya incapacidad para gobernar se entreteje con acusaciones persistentes de corrupción, nepotismo y simulación.
La incapacidad se manifiesta primero en lo cotidiano. Tehuantepec, un municipio que debería ser motor del Istmo por su historia, su cultura y su posición estratégica, se hunde en un desorden visible. La inseguridad ha escalado hasta convertirlo en uno de los puntos más preocupantes de Oaxaca, solo por detrás de Juchitán.
Calles sin alumbrado adecuado, obras públicas que avanzan a cuentagotas o se anuncian con bombo y platillo para luego diluirse en el olvido, y una sensación generalizada de que el gobierno municipal observa el caos más que enfrentarlo. Las mesas de seguridad y brigadas médicas que se publicitan en redes sociales parecen coreografías para la fotografía, no estrategias integrales.
Mientras tanto, la ciudadanía enfrenta la delincuencia organizada, la desconfianza en las instituciones y una economía que no termina de reactivarse.
La edil aficionada a la carne de cuche, coquetea con la corrupción, o al menos la percepción profunda de ella, empaña aún más el panorama. Acusaciones de nepotismo, desvío de recursos y favoritismos circulan con insistencia en redes y en la voz de los tehuantepecanos. Se habla de familiares y allegados colocados en puestos clave, de contratos opacos y de una gestión que prioriza la lealtad partidista por encima de la eficiencia, pero su persistencia erosiona la legitimidad de la autoridad.
La población percibe que los recursos públicos, escasos y necesarios, se diluyen en redes clientelares en lugar de traducirse en pavimentación, agua potable, seguridad o salud digna.
El episodio más revelador de esta administración ocurrió en marzo de 2026, cuando el Ayuntamiento, bajo la instrucción directa de Pérez Velázquez, promovió un taller para elaborar un “Kit Forense” en caso de desaparición de mujeres. La iniciativa, presentada como parte de una agenda de género con motivo del 8M, resultó ser un plagio descarado del trabajo académico y activista de Becky Bios, fundadora de “Gordi Feminista”. En lugar de generar políticas serias contra la violencia que azota la región, se optó por la simulación: copiar material ajeno, improvisar un evento con ropa usada y fotografías impresas, y convertir una tragedia nacional en un espectáculo político de bajo vuelo. Ante el escándalo nacional, el gobierno municipal despidió a una funcionaria subalterna —la titular de la Instancia de la Juventud— y borró las evidencias de sus redes, pero nunca ofreció una disculpa pública ni asumió responsabilidad. La presidenta guardó silencio cómplice, como si el problema fuera de imagen y no de ética.
Este caso no fue aislado; encarna la esencia de una gestión que prefiere la apariencia a la sustancia. Pérez Velázquez, proyecta en eventos oficiales una Tehuantepec en renovación: banderazos de obra, reuniones con autoridades federales, brigadas de salud. Pero bajo la superficie, el municipio clama por liderazgo real. La falta de sensibilidad institucional, la improvisación y la tendencia a silenciar críticas revelan una incapacidad estructural para transformar promesas en resultados. En un México donde la corrupción y la ineficiencia han desangrado a generaciones enteras, Tehuantepec bajo esta administración se convierte en un microcosmos doloroso: un pueblo rico en cultura y potencial, gobernado con métodos que parecen más propios del pasado que de la “cuarta transformación” que se pregona.
La prosa de la realidad tehuantepecana, en estos tiempos, se escribe con frustración. Los ciudadanos observan cómo la esperanza que se vendió en campaña se desvanece entre plagios, acusaciones y un gobierno que parece más ocupado en sobrevivir al escrutinio que en servir al pueblo. Queda la pregunta abierta: ¿podrá Ana Cecilia Pérez Velázquez corregir el rumbo, o su gestión quedará registrada como otro capítulo de buenas intenciones sepultadas por la incapacidad y las sombras de la corrupción? El Istmo, ancestral y resiliente, merece algo mejor.
Ana Cecilia falló y seguirá fallando.
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