SIGUE SIENDO LA VÍA ARMADA QUE PROPONE LA GUERRILLA ¿EN MÉXICO?

LA GUERRILLA DEJÓ DE SER UNA OPCIÓN POLÍTICO- ARMADA ¿EN MÉXICO?

Juan José Díaz Bermúdez/Análisis

El análisis de la guerrilla contemporánea en México, específicamente del Ejército Popular Revolucionario (EPR) y sus escisiones, nos exige separar la retórica ideológica de las realidades geopolíticas, delictivas y sociales del México actual.

La pregunta obligada sería en este momento histórico:
¿Tiene la guerrilla "validez histórica" en el México actual?

Desde una perspectiva estrictamente sociopolítica, la guerrilla tradicional de corte marxista-leninista ha perdido la centralidad y la capacidad de convocatoria que tuvo en las décadas de 1970 a 1990. El desgaste de la vía armada: La transición democrática (con todas sus imperfecciones), la apertura de canales electorales para la izquierda y el surgimiento de movimientos sociales masivos pacíficos restaron legitimidad a la violencia o vía armada como único método de transformación social.

Comunidades indígenas y campesinas que antes veían en la guerrilla un escudo, hoy priorizan la autonomía política y comunitaria (como el neozapatismo o los gobiernos por Usos y Costumbres) por encima de la subordinación a una vanguardia armada clandestina.

Sin embargo hay que reconocer que el EPR mantiene su "validez" discursiva para ciertos sectores debido a que, las causas estructurales que le dieron origen —miseria extrema, despojo de tierras, impunidad y violencia institucional— siguen vigentes en estados como Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas, Morelos, Veracruz, Tabasco y Yucatán.

La propuesta armada que reivindican en este instante a diferencia de los años 90, cuando realizaba apariciones públicas masivas y ataques coordinados, la estrategia actual del EPR es de resistencia político-militar de baja intensidad y propaganda.

El Socialismo y autodefensa siguen  reivindicando la instauración de un Estado socialista mediante la combinación de la lucha de masas y la autodefensa armada.

La agenda pública del EPR en la actualidad, está fuertemente centrada en la exigencia de presentación con vida de sus desaparecidos políticos (un tema histórico que llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación) y la denuncia de lo que consideran la continuidad del modelo neoliberal bajo fachadas militarizadas por parte de Morena y sus aliados.

El EPR continúa operando bajo células muy cerradas, lo que les ha permitido sobrevivir militarmente, aunque a costa de un aislamiento social considerable.

El debate sobre si la guerrilla mexicana ha cruzado la línea hacia el "narco-terrorismo" (al estilo de las FARC o el ELN en su peor época) es complejo, pero existen diferencias marcadas:

En Colombia: Las FARC y el ELN controlaban vastos territorios de cultivo y rutas de exportación de cocaína. Se convirtieron en carteles monopolizados para financiar ejércitos de miles de combatientes, mientras que en México: El mapa del narcotráfico está dominado por corporaciones criminales hiperviolentas (Cártel Jalisco Nueva Generación, Cártel de Sinaloa, etc.) con un poder de fuego superior al del propio Estado. La guerrilla en México no tiene el control de las rutas internacionales de la droga.

Si bien es cierto el EPR mantiene una línea ideológica ortodoxa que prohíbe formalmente el vínculo con el narcotráfico (al que consideran un síntoma de la descomposición capitalista), la realidad en el terreno es gris, debido a que hay zonas  de cohabitación: En las regiones donde opera la guerrilla (la sierra de Guerrero o la Mixteca/Costa de Oaxaca), también operan los cárteles. Existe una delgada línea donde el cobro de "impuestos revolucionarios" o la protección a comunidades puede confundirse o rozarse con las dinámicas de las economías ilícitas locales.
Ante esta situación al ejército mexicano y todo el aparato represivo del Estado suele utilizar la etiqueta de "narco-terrorismo" para deslegitimar cualquier insurgencia social, despojándola de su carácter político. No obstante, el EPR, al no definir con claridad operativa su papel defensivo frente a los abusos de los cárteles contra los pueblos marginados, camina en el filo de la irrelevancia o la asimilación por el entorno violento, es decir la inacción puede históricamente señalarlos de cómplices.

El conflicto de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) en 2006 y 2007 transformó radicalmente la percepción de la insurgencia en México, obligó al EPR a replegarse y a redefinir las medidas de seguridad para blindar la protección de los combatientes y sus familias, y hasta hoy les ha dado los resultados deseados, siguen protegidos en la clandestinidad.

Hasta antes del 2006-2007 el EPR vivía una utopía, la crudeza de la violencia ejercida por el Estado (mediante grupos parapoliciales y la fuerza federal) demostró que la confrontación no era una narrativa literaria de la "guerra sucia", sino una realidad inmediata con ejecuciones extrajudiciales y la desaparición forzada de activistas y militantes eperristas (como Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez).

Este periodo demostró que el tejido social civil (maestros, colonos, indígenas) eran capaces de poner en jaque a un gobierno estatal sin necesidad de los fusiles de la guerrilla tradicional. La guerrilla quedó relegada a un actor de reparto, reactivo, cuya respuesta militar posterior (los bombazos a oleoductos de PEMEX en 2007) generó más rechazo social por el riesgo civil que apoyo popular.

Sin embargo habría que discutir y poner en claro por la 
confusión que existe, puede decirse que las policías comunitarias históricas, las autodefensas y la guerrilla ¿son lo mismo?.  Aunque su relación no es de paternidad directa, sino de evolución diferenciada frente al vacío de poder que se vive en México.

Es decir: La guerrilla no "dio" estas opciones a las comunidades; más bien, el fracaso de la guerrilla para proteger a los pueblos de la delincuencia organizada obligó a las comunidades a armarse por su cuenta, bajo sus propias reglas y de manera abierta, no clandestina.
Habría que preguntar para que el tiempo responda ¿Es la guerrilla una opción hoy?
En el México actual, la guerrilla no es una opción viable ni atractiva para la transformación  y “el bienestar” social.
La población marginada que sufre la violencia no busca una guerra civil de desgaste contra el Estado, sino seguridad inmediata, justicia y desarrollo. El espacio que antes ocupaba la guerrilla idealizada hoy está en disputa entre la resistencia comunitaria pacífica/autónoma y, lamentablemente, el reclutamiento forzado o la resistencia armada desesperada contra la delincuencia organizada. El EPR sobrevive como un testimonio histórico y un símbolo de resistencia celular, pero su capacidad de alterar el rumbo político del país es prácticamente nula.

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