¡JUSTICIA PARA NATALIE DÍAZ!

DOCTORA NATALIE DÍAZ; JAMÁS 
APAGARON TU LUZ 

María del Pilar Toledo De la Cruz 


*Que Ricardo Antonio O.G. detonador de tu fallecimiento; pague con cárcel sus actos deleznables y machistas.

El silencio de la noche no es paz; es un verdugo que se cierra sobre ti cuando comprendes que la persona en la que depositaste tu confianza y creías que te amaba ha transformado el vínculo del amor en una sentencia de muerte.

Estar ahí, en medio de la nada, en una carretera sin final, con el frío calando los huesos y la ausencia absoluta de herramientas para pedir auxilio, no es solo un acto de abandono físico: Es el momento en que, la realidad golpea con una crudeza devastadora, despiertas de un sueño en el cual jamás debiste estar. 

Cuando él se llevó tu celular y las llaves de tu camioneta dejándote en la indefensión, no solo te quitó objetos materiales; te arrebató deliberadamente tu única línea de vida, tu conexión con quienes te aman y tu posibilidad de escape. 

Ricardo Antonio O.G. te dejó como un objeto desechable en un entorno hostil, demostrando la verdadera naturaleza de su misoginia, haciendo honor a su cobardía y a su machismo. Te despojó de tu vida.

Es la revelación más amarga que un ser humano puede enfrentar: comprender, en los últimos latidos, que quien juró protegerte fue, en realidad, el arquitecto de tu fin. 

Recuerdas las advertencias y consejos de tus padres, entiendes al fin las señales que quizás el afecto, la esperanza y el amor  te hicieron minimizar, que advertían de la naturaleza de un sujeto engendrado en el odio hacia la mujer.

En ese aislamiento forzado, la verdad se impone sobre todo lo demás: el "amor" no era tal, era control, y ese control se convirtió en tu verdugo, te llevó sin que tú lo quisieras a perder la vida.

El terror no es solo morir; es el vacío de sentir que tu historia, tu cotidianidad, tus planes, tu familia  y todo lo que te definía está siendo borrado por la mano de quien elegiste para compartir tu camino. 

Ricardo Antonio O.G. no fue un espectador de este horror; él fue el detonante. Él eligió la soledad del lugar, él eligió el despojo y él eligió la omisión de auxilio que selló tu destino. Él propició el fin de tu existencia con una crueldad que no admite excusas.

Tu vida no se apaga en vano. Aunque el miedo y la traición hayan sido las últimas sensaciones que recorrieron tu cuerpo, tu memoria no pertenece a quien te abandonó. 

La justicia y el recuerdo se niegan a borrar tu nombre; el acto de este sujeto ha quedado grabado como una marca indeleble de responsabilidad que lo perseguirá toda su nefasta vida.

Jamás se olvidará que te arrebató la vida. Tu historia, aunque truncada, permanece como un testimonio contra la violencia que busca silenciar a las mujeres. Tu voz, incluso en el silencio de ese lugar, resuena cada día más fuerte para exigir que la verdad sobre tu muerte sea el eco permanente que persiga a quien la provocó.

Se hará justicia; sus mentiras de él y su familia  no les alcanzará para silenciar la verdad. Sus actos misóginos y crueles te llevaron a perder la vida, este cobarde fue el detonante de tu silencio, pero jamás, tenlo por seguro Natalie, apagó tu luz, brillas más radiante que nunca.

Espero una justicia ejemplar para quién te llevó a la muerte.

De los cobardes siempre habrá; difamación, calumnia y mentiras. 

¡A ti te asiste la verdad y la razón!

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