ENRIQUE MARTÍNEZ MARTÍNEZ: UN HISTORIAL DE MISOGINIA Y SEÑALAMIENTOS DE VIOLENCIA SEXUAL QUE LA UABJO NO PUEDE SEGUIR IGNORANDO
Sayda Morales Bustamante
Llamar “maquillista” a una doctora no fue un error. Fue un patrón de agresión a la mujer.
Cuando Enrique Martínez Martínez eligió esa palabra para descalificar a la Dra. Gema Hernández Bernardino, directora de la Facultad de Medicina y Cirugía de la UABJO, no estaba improvisando un insulto en un momento de presión. Estaba siendo coherente con lo que su trayectoria ya documenta desde hace casi dos décadas: un patrón sistemático de desprecio hacia las mujeres que va mucho más allá de la guerra sucia electoral y que la comunidad universitaria tiene el derecho y la obligación de conocer antes del 13 de mayo.
Este no es el primer capítulo. Es el más reciente de una historia que data cuando Martínez Martínez era director de la Facultad de Odontología de la propia universidad que hoy aspira a rector.

En 2012, alumnos de esa facultad dirigieron un documento formal al rector de la UABJO señalando que a Enrique Martínez Martínez “de abuso sexual; denuncia que interpuso una alumna y nunca se le dio seguimiento.”
Ese mismo documento describe con una precisión que hiela la sangre el mecanismo que operaba bajo su dirección: un grupo de jovencitas que fungían como “edecanes” de la escuela, reclutadas entre alumnas de nuevo ingreso seleccionadas por su apariencia, organizadas en dos grupos identificados y convocadas no solo a eventos institucionales sino a fiestas particulares del director y sus catedráticos. Un sistema de captación organizado, con nombres, con grupos, con lógica de selección basada en el físico de las estudiantes.
En 2026, con la contienda rectoral activa, el Frente de Estudiantes y Maestros Universitarios lo acusa de “graves denuncias públicas por presunto acoso y abuso sexual cometido durante décadas en contra de alumnas de la Facultad de Odontología.”
Lo más revelador no es solo la acumulación de señalamientos. Es lo que ocurrió con la denuncia formal que una alumna presentó en 2012: nunca tuvo seguimiento. Desapareció en los archivos de una institución que en ese momento prefirió el silencio cómodo a la justicia incómoda. Esa denuncia existe o existió. Tiene o tuvo un número de expediente. Fue recibida por alguien con nombre y cargo dentro de la UABJO o ante la Fiscalía del Estado. Y quien tomó la decisión de no darle seguimiento tomó también la decisión de dejar a esa víctima sola.
Ese es el contexto en el que hay que leer el insulto de esta semana.
Cuando Martínez Martínez llama “maquillista” a una doctora, no está cometiendo un desliz de campaña. Está mostrando la misma lógica que lo llevó a seleccionar alumnas “que estuvieran bonitas” para sus eventos. La misma mirada que reduce a las mujeres a su apariencia. La misma convicción, sostenida durante décadas, de que las mujeres en el espacio universitario existen en función de lo que él decide que son y no de lo que ellas construyeron con su trabajo y su inteligencia.
Un hombre con ese historial no puede dirigir la UABJO.
, la autonomía universitaria que predica en campaña exige algo que él nunca ha practicado: el reconocimiento de que las mujeres de esta universidad son sujetas de derecho, no objetos de selección, ni blancos de burla cuando la campaña no levanta.
Y su campaña no levanta precisamente porque en la UABJO lo conocen. Porque la memoria universitaria es más larga que cualquier estrategia de relaciones públicas. Porque hay académicas, hay estudiantes y hay trabajadoras que saben exactamente qué pasó en la Facultad de Odontología cuando él la dirigía, y que no están dispuestas a votar para que ese hombre suba un peldaño más.
#UABJO #Oaxaca
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